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LA MENTALIDAD TRADICIONAL / LA MENTALITA’ TRADIZIONALE

LA MENTALIDAD TRADICIONAL

Un articulo de Piero Boldrìn

La Mentalidad Tradicional es el punto de partida  que debe alcanzar el Investigador, para poder continuar por ese camino más amplio y más importante que lleva a la Reintegración. Se puede hablar de  Mentalidad Tradicional cuando ya se ha adquirido un Método Tradicional, y se puede adquirir un Método Tradicional cuando nos encontramos “tout court”, en una zona de Influencia  Tradicional. No pretenderemos por cierto responder a la pregunta acerca de qué es la Tradición, pero podemos  acontentarnos recordando que  tradición viene de “tradere”, es decir, traspasar, evidenciando el hecho que, desde los tiempos primordiales se ha transmitido un gran bagaje de enseñanzas e instrumentos aptos  a mantener al hombre en contacto personal con su parte divina.
El método tradicional es el que se diferencia de las dos formas de conocimiento del hombre común, es decir la filosófica y la científica. En el conocimiento filosófico el observador procede a través del método dialéctico-especulativo; por lo que la búsqueda del conocimiento es el resultado de un procedimiento discursivo que parte de algunos enunciados absolutamente evidentes; prosiguiendo sucesivamente  con una serie incontestable de argumentaciones lógicas, hasta alcanzar por vía deductiva la elaboración sistemática de un pensamiento complejo que explica a sí mismo,  su propia naturaleza y aquella del mundo que lo circunda. El instrumento adoptado es puramente aquel de la razón; y como tal no puede jamás superar –por su propia naturaleza- el limite de lo opinable y de lo relativo.  El conocimiento filosófico termina entonces por deshacerse y disolverse en una pluralidad de sistemas filosóficos perennemente en contraste entre ellos.
En la investigación científica, en cambio, el método usado es el empírico, con el cual el sujeto parte de la observación directa de la realidad asì come se le aparece del lado fenoménico y contingente, para elaborar los datos recogidos y agregarlos alrededor de las hipótesis iniciales. Con ello se formulan hipótesis empíricas que tienen un valor puramente probable. La investigación científica sufre, todavía mas que aquella filosófica, de la falta de un momento unificante. Obviamente no tomamos aquí en examen ninguna hipótesis religiosa, ya que desde el punto de vista tradicional las religiones no son otra cosa que un lejano eco, degenerado y mítico, de la enseñanza tradicional, para uso y divulgación popular, y casi siempre instrumentalizada  con finalidades sociales y políticas. Curiosamente, el filosofo  Wittgenstein en un aforismo afirmaba que “la filosofía es la ortopedia del pensamiento (y la religión es la prótesis)”.
La practica religiosa representa, de echo, un camino exotérico, devocional, en sentido pasivo; mientras el camino iniciático pertenece a un modo de operatividad esotérica íntimamente vinculado a un gradual alejamiento de la ilusión de la forma, para dirigirse a un estado de conciencia dirigido al Retorno hacia la Conciencia Primordial, de la cual la Manifestación no representa mas que una caída.
La tradición universal repite siempre, que al origen de las cosas, existe un soplo cíclico que provoca la caída en aquella que después será identificada, en la restringida condición mental humana, como la materia; el llamado espíritu indiferenciado, emanado desde un principio absoluto, inescrutable e incognoscible, se sumergirá cada vez mas en la forma,  hasta alcanzar la máxima densidad.
Con el método tradicional, en cambio, (que podemos identificar como instrumento del conocimiento iniciático) se apela antes que nada  a la capacidad del sujeto de operar en un proceso activo de transformación (1) y de poner en acto un verdadero y proprio cambio de estado, como se suele decir en la terminología tradicional, en la intención declarada de activar corrientes y fuerzas que están mas allá del Yo puramente humano.
Villa Orsini  (Bomarzo) "Ogro"

Villa Orsini (Bomarzo) “Ogro”

La finalidad es aquella de hacer concreta la posibilidad de llegar a percibir la esencia misma de las cosas, la realidad metafísica, y nouménica que trasciende el dominio de lo manifiesto y de lo visible, a través de la intervención de una facultad que en la doctrina tradicional se define “Intuición”.
Aquí entra en consideración el método tradicional, entendido como Técnica de Realización que se mueve fundamentalmente con dos instrumentos: el Mito y el Símbolo.
El primero no es solamente el fruto de la imaginación poética de los hombres que vivían en civilizaciones sagradas, sino la traducción en leyenda o historia fantástica de sucesos y experiencias de naturaleza espiritual, que reviven transfiguradas en la narración mítica y se proponen como un modelo fijo y constante para aquellos que quieren repetir tales experiencias. El símbolo, por otra parte, recuerda a un Arquetipo que el encierra y manifiesta al mismo tiempo; su característica principal consiste en ser un vehículo de transmisión inmediata de verdades primordiales que se comunican directamente a la conciencia del iniciado. Se puede decir que con el mito el hombre se esfuerza por vencer el tiempo y la historia, en cambio con el símbolo actúa para superar el espacio y la forma.
La mentalidad tradicional, entonces, es esa disponibilidad neutra a aceptar  el resultado de la búsqueda efectuada con el método tradicional; por tal motivo es la asunción inmediata de los resultados del conocimiento efectivo, independientemente de los varios Ídolos que nuestra mente nos coloca.
Alcanzar una mentalidad tradicional significa buscar, sin fijarse en la fantasía de cómo pueda ser la meta, significa estar dispuestos a asimilar la esencia de la investigación, y no a modificar la investigación o el método para adecuarlos a la idea que nosotros tenemos de la meta. Hacer esto seria anti-tradicional y contra–iniciàtico.
No basta golpear a la puerta de una Escuela Iniciàtica para poder pensar de haber alcanzado una Mentalidad Tradicional; es mas, muchas veces asistimos a la obra de elementos que han alcanzado grados institucionales eminentes pero que desarrollan actividades disolutivas y de degeneramiento. Al contrario de la concepción iluminista profana, según las doctrinas Tradicionales la perfección va individuada en los  orígenes y la historia va vista como un continuo proceso de regresión y de decadencia, a partir del estado primordial o “edénico”.
Leemos, en efecto, con Renè Guénon (2) que: “La civilización moderna aparece en la historia como una verdadera y propia anomalía. Entre todas las que conocemos ella es la única que se ha desarrollado en un sentido puramente material; la única, además, que no se funda sobre algún principio de orden superior. Tal desarrollo material, que prosigue desde hace muchos siglos y que se va acelerando siempre mas, ha sido acompañado por un retroceso intelectual que este es del todo incapaz de compensar.  Entendemos con esto, aclaramos, hablar de la verdadera y pura intelectualidad, que se podría también llamar espiritualidad; y nos negamos a dar este nombre a aquello a lo que especialmente se han dedicado los modernos: la cultura de las ciencias experimentales , en vista de las aplicaciones practicas que ellas son capaces de producir. Un solo ejemplo podría permitirnos medir el grado de tal retroceso: La “Summa Teológica” de San Tomás de Aquino era, en su tiempo, un manual para el uso de los estudiantes; donde estarían hoy los estudiantes en grado de profundizarla y asimilarla?
Esta es, pensamos, la tarea del Hombre Tradicional: mediar los cánones tradicionales, actualizándolos como vehículos e instrumentos, pero conservando inalterados los contenidos metafísicos y simbólicos.
NOTAS
1) Walter Heinrich, “Sul metodo tradizionale”, Fondazione Julius Evola, 1982, pag.8-9
2) Renè Guénon, “Simboli della Scienza Sacra”, Adelphi, Milano, 1984, pag. 15
PIERO BOLDRIN
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Tlatilco (Mexico) Figura femenina

LA MENTALITÀ’ TRADIZIONALE

Articolo di Piero Boldrin

La Mentalità Tradizionale è il punto d’arrivo che deve raggiungere il Ricercatore, onde poter proseguire su quella via più vasta ed importante che conduce alla Reintegrazione. Si può parlare di Mentalità Tradizionale quando già si è acquisito un Metodo Tradizionale, e si può acquisire un Metodo Tradizionale quando ci si trova, tout- court, in una zona di Influenza Tradizionale. Non pretenderemo certo di rispondere alla domanda su che cos’è la Tradizione, ma ci possiamo accontentare di ricordare che Traditio deriva da “Tradere”, cioè tramandare, evidenziando il fatto che da epoche primordiali è stato trasmesso un bagaglio di insegnamenti e di strumenti atti a mantenere l’uomo personale in contatto con la sua parte divina. Il metodo Tradizionale è quello che si differenzia dalle due forme di conoscenza dell’uomo ordinario, cioè quella filosofica e quella scientifica. Nella conoscenza filosofica l’osservatore procede attraverso il metodo dialettico- speculativo, per cui la ricerca di conoscenza è la risultante di un procedimento discorsivo che parte da alcuni enunciati che si esaminano per l’assoluta evidenza, proseguendo quindi con una serie ineccepibile di argomentazioni logiche, fino a raggiungere per via deduttiva l’elaborazione sistematica di un pensiero complesso che spiega a se stesso la propria natura, e quella del mondo che lo circonda. Lo strumento adottato è puramente quello della ragione, e come tale non può mai superare, per sua stessa natura, la soglia dell’opinabile e del relativo. La conoscenza filosofica finisce così per frantumarsi, e dissolversi in una pluralità di sistemi filosofici perennemente in contrasto tra di loro. Nella ricerca scientifica il metodo usato è quello empirico, tramite il quale il soggetto parte dall’osservazione diretta della realtà, così come gli appare dal lato fenomenico e contingente, per elaborarne i dati raccolti ed aggregarli intorno alle ipotesi di partenza, per formulare delle ipotesi empiriche che hanno un valore puramente probabilistico. La ricerca scientifica risente, ancor più di quella filosofica, della mancanza di un momento unificante.
Ovviamente non prendiamo qui in esame alcuna ipotesi religiosa, in quanto dal punto di vista Tradizionale le religioni non sono che una lontana eco, degenerata e mitizzata dell’insegnamento Tradizionale, ad uso di divulgazione popolare, e spesso strumentalizzata a fini sociali e politici. Curiosamente, il filosofo Wittgenstein in un suo aforisma asseriva che “La Filosofia è l’Ortopedia del pensiero (e la Religione ne è la Protesi)”.
La pratica religiosa rappresenta, infatti, una via exoterica, devozionale in senso passivo, mentre il percorso iniziatico appartiene ad una via di operatività esoterica,
intimamente collegata ad un graduale distacco dall’illusione della forma, per indirizzarsi ad uno stato di consapevolezza volto al Ritorno verso la Coscienza Primordiale, della quale la Manifestazione non rappresenta altro che una caduta.
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Villa Orsini: Parco dei Mostri

La Tradizione Universale ripete sempre che, all’origine delle cose, vi è un soffio ciclico che suscita la caduta in quella che sarà poi identificata, nella ristretta condizione umana mentale, la materia; il cosiddetto Spirito Indifferenziato, emanato da un principio Assoluto, Imperscrutabile ed Inconoscibile, si immergerà sempre di più nella forma, fino a raggiungerne la massima densità.
Con il Metodo Tradizionale, invece, (che possiamo identificare come strumento della Conoscenza Iniziatica), si fa appello anzitutto alla capacità del soggetto di operare un processo attivo di trasformazione (1) e di mettere in atto un vero e proprio mutamento di stato, come suol dirsi nella terminologia Tradizionale, nell’intento dichiarato di attivare correnti e forze che sono al di là dell’Io puramente umano.
Il fine è quello di rendere concreta la possibilità di arrivare a percepire l’essenza stessa delle cose, la realtà metafisica e noumenica che trascende il dominio del manifesto e del visibile, attraverso l’intervento di una facoltà che nelle dottrine tradizionali è definita “Intuizione”.
Qui entra in questione il metodo Tradizionale, inteso come Tecniche di Realizzazione che si veicolano fondamentalmente con due strumenti: il Mito ed il Simbolo.
Il primo non è soltanto il frutto dell’immaginazione poetica degli uomini viventi in civiltà sacrali, quanto la traduzione in leggenda o racconto fantastico di vicende ed esperienze di natura spirituale , che rivivono trasfigurate nella narrazione mitica e si propongono come un modello fisso e costante per coloro che vogliano ripetere tali esperienze. Il Simbolo, d’altra parte, rinvia ad un Archetipo che esso racchiude e manifesta al contempo; la sua caratteristica principale consiste nell’essere un veicolo di trasmissione immediata di verità primordiali che si comunicano direttamente alla coscienza dell’Iniziato.
Si può dire che col MITO l’Uomo si sforza di vincere il Tempo e la Storia, laddove col SIMBOLO egli opera per superare lo Spazio e la Forma.
La mentalità Tradizionale, quindi, è quella disponibilità neutra ad accettare il risultato della ricerca effettuata con il Metodo Tradizionale, per cui vi è l’assunzione immediata dei risultati della Conoscenza effettiva, indipendentemente dai vari Idola che la nostra mente ci pone.
Raggiungere una mentalità Tradizionale significa ricercare, senza porsi la fantasia di come possa essere la meta; significa essere disponibili ad assimilare l’essenza
dell’indagine, e non già a modificare l’indagine od il Metodo per adeguarli all’idea che noi abbiamo della meta. Fare ciò sarebbe antitradizionale e controiniziatico.
Non basta bussare ad una Scuola Iniziatica per poter pensare di aver raggiunto una Mentalità Tradizionale; anzi, spesso assistiamo all’opera di elementi che hanno raggiunto gradi istituzionali eminenti, che svolgono attività di disgregamento e di degenerescenza. Al contrario della concezione illuministica profana, secondo le dottrine Tradizionali la perfezione va individuata alle origini e la storia va vista come un continuo processo di regressione e di decadenza, a partire dallo stato primordiale o “edenico”. Leggiamo infatti, con Renè Guénon (2), che: “La civiltà moderna appare nella storia come una vera e propria anomalia: fra tutte quelle che conosciamo essa è la sola che si sia sviluppata in un senso puramente materiale, la sola altresì che non si fondi su alcun principio di ordine superiore. Tale sviluppo materiale, che prosegue ormai da parecchi secoli e va accelerandosi sempre più, è stato accompagnato da un regresso intellettuale che esso è del tutto incapace di compensare. Intendiamo qui, beninteso, parlare della vera e pura intellettualità, che si potrebbe anche chiamare spiritualità, e ci rifiutiamo di dare questo nome a ciò a cui si sono specialmente applicati i moderni: la cultura delle scienze sperimentali, in vista delle applicazioni pratiche alle quali esse sono suscettibili di dar luogo. Un solo esempio potrebbe permettere di misurare la portata di tale regresso: la Summa Teologica di San Tommaso d’Aquino era, al suo tempo, un manuale ad uso degli studenti; dove sono oggi gli studenti in grado di approfondirla e di assimilarla?…”
Questo è, pensiamo, il compito dell’Uomo Tradizionale: mediare i canoni tradizionali, aggiornandoli come veicoli e strumenti, ma mantenendone inalterati i contenuti metafisici e simbolici.
NOTE
1) Walter Heinrich, Sul metodo tradizionale, Fondazione Julius Evola, 1982, pag.  8-9
2) Renè Guénon, Simboli della Scienza Sacra, Adelphi, Milano, 1984, pag. 15
PIERO BOLDRIN
Tlatilco_culture_figurines - preclásico mesoamericano

Tlatilco (Mexico) Figura femminina

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