El unico modo

para atreverse a cambiar el mundo

Recordando: Valentìn Pittau Silva

Gran Chaco

En el corazón de América del Sur hay una región que se llama Chaco. Y en esa región hay una ciudad que se llama Resistencia. El suyo parece mas que un nombre una proclama. En esa ciudad resistente y en esa región de ruda naturaleza habitó, hace ya mucho tiempo, un joven hijo de la libertad   que se llamó Valentìn. Era un hijo de la libertad y del amor, porque su madre, Corina Silva, fue una mujer excepcional.
Corina era maestra en la escuela n° 26 y la pedagogía surgía en ella como una cosa espontánea, innata. Jamás un grito, un reproche, una amenaza para sus alumnos. Solo buenos modos, amor y tanta libertad …y el infatigable  estimulo a pensar por si mismos. Era una maestra a la antigua. La segunda mamá, como se decía, y en este caso no era una metáfora mentirosa. Tanto es así,  que sus alumnos, estimulados en sus  corazones  y en sus mentes, perdían la noción del tiempo y sus clases siempre parecían cortas. Una mujer así, dio este fruto particular: Valentin.
Era el menor de dos hermanos varones. En 1973,  a dieciséis años, estaba terminando la Escuela de Comercio, y no porque tuviera alguna inclinación para vender algo, sino porque entonces se pensaba que al cabo de los estudios, si no se continuaba a estudiar, se podría conseguir trabajo.
Alto, delgado, usaba el cabello corto para domar sus rulos claros. Parco en todas sus manifestaciones, hablaba estrictamente lo necesario. Pero impresionaban sus razonamientos de una lógica impecable. Jamás salia de su boca una grosería, un chisme, una critica a ninguno. Lector encarnizado había leído a José Ingenieros, a Pablo Neruda, a Almafuerte, a Marx, a Gandhi y a  quien sabe cuantos autores mas.
Fue rebelde, como tantos jóvenes de su época, a los militares mandones, hipócritas y asesinos que oprimían al país. Por su propia iniciativa redactaba, estampaba a mimeógrafo y repartía, a cambio de una oferta voluntaria – porque las ideas para que sirvan  no se regalan – un periódico dirigido a los estudiantes, sus compañeros de la  Escuela de Comercio, invitándolos a pensar por si mismos para ser libres.
Como hijo del amor no podía que amar la vida y comprender “que los hombres no son islas” y que por ello el mal que se hace a otro se lo hace a uno mismo: que no puede haber felicidad en un mundo infeliz, y tanto menos justicia en un mundo injusto.
En su ideario adolescente ocupaba el primer lugar la vía pacifica al socialismo , como había definido su gesta el presidente chileno Salvador Allende. El fenómeno de la Unidad Popular -que en medio de un mar de dificultades estaba transformando Chile desde 1970- había abierto las puertas de la esperanza en un cambio no violento de la sociedad y del mundo.
Pero el sueño duraría poco. El enfrentamiento de Allende con las multinacionales,  que se erigían en insuperable barrera hacia el mundo nuevo,   presagiaba el escenario actual. Y fue así que un “think tank” globalista, del que sobresalía la figura del secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger,  decretó la supresión de Allende..
El 11 de septiembre (una fecha recurrente) de 1973, la conspiración golpeo’ de la mano de un judas nativo llamado Pinochet.  El bloqueo de la información fue inmediato. Poquísimas noticias lograban superar los Andes y llegar a la Argentina. Solo alguna que otra radio clandestina invitaba a la resistencia contra los golpistas. Valentín, sin vacilar, juntó pocas cosas esenciales y se dirigió en tren a San Antonio de los Cobres  para pasar a Chile  y llegar a Antofagasta.
Sus intenciones fueron frustradas por la gendarmeria argentina que había bloqueado todos los pasos, lo detuvieron algunas horas, le tomaron los datos personales, y lo amenazaron para que volviera a su casa ya que tenia apenas 16 años.
Desde ese día muchas cosas cambiaron. Con el tiempo se supo que Allende había muerto resistiendo al golpe en “La Moneda”, el palacio presidencial de Chile, y la vía pacifica al socialismo sucumbió con él.
En el grupo de estudiantes secundarios rebeldes que representaba a casi todas las escuelas de la época: Colegio Nacional, Escuela Industrial, Escuela de Comercio, Bachillerato Mac Lean, Escuela Normal, los hechos de Chile generaron una encendida polémica.  El Don Bosco y el  Itatì, en cambio,  no participaban, porque los salesianos y las monjas sabían transmutar rebeldía en obsecuencia o podaban al nacer los brotes indeseados.
Cabe agregar que el año 1973 fue particularmente traumático para la Argentina y para el Cono Sur de América Indo Latina.  La juventud vivía una contagiosa fiebre de cambio social. Estudiantes y jóvenes obreros  eran los protagonistas principales de los acontecimientos históricos que se sucedían a un ritmo enloquecido.  Superada la experiencia del foco rural guerrillero con la muerte del “Che” en 1967, inmediatamente se intentaron otras dos vías al socialismo: la guerrilla urbana de los Tupamaros uruguayos y la vía democrática y pacifica de Salvador Allende, del Partido Socialista chileno y de la Unidad Popular.
Argentina estaba como suspendida entre los dos fenómenos que sucedían a sus lados, pero agregaba una característica del todo nacional: El Peronismo. De la juventud revolucionaria un grupo se identificó  con la experiencia del Che y de los Tupamaros, buscando combinar ambas para alcanzar sus objetivos.  El otro grupo, en cambio,  identificó en Perón y el peronismo la posibilidad de llegar al  ” socialismo nacional”  a través de un movimiento de masas apoyado por el accionar armado.
Los estudiantes secundarios rebeldes de la Resistencia de aquellos  años, con algunas que otras pequeñas diferencias, se ubicaban aproximadamente en alguno de los dos carriles. Así surgieron la Union de Estudiantes Secundarios (U.E.S) peronista;  y la Organización de Base de Estudiantes Secundarios (OBES), guevarista. Solo Valentín  no se identificaba en ninguna de las dos opciones. Su inflexible ética pacifista no concebía llegar al poder a través de la violencia.  Quizás pensaba, como Ghandi, que de malas semillas no nacen buenos frutos; y contra Maquiavello, que el fin no justifica los medios.
Llevó a las villas miseria de las afueras de Resistencia su mensaje de cambio y el amor lo buscó con el nombre de Mabel, pero no sé si lo encontró, porque todavía no era aquella  su meta principal.
Valentin quería seguir persiguiendo sus ideales, pero el 11 de septiembre había quebrado algo muy profundo dentro de él. Un día llegó a su casa, un modesto chalecito en la Avenida Paraguay, con sus ropas mojadas y embarradas, confesaría su madre algún tiempo después…
El año 74 empezó pesado. En Enero, Perón expulsó a los diputados de la Juventud Peronista de la casa de gobierno, con lo que profundizó la ruptura con el ala izquierda del movimiento iniciada con la “masacre de Ezeiza”y la interrupción de la breve “primavera” camporista.  También en Enero, la guerrilla guevarista del “ERP” copó uno de los cuarteles mas grandes del país, el de Azul en provincia de Buenos Aires.
En los primeros meses de 1974, a diecisiete años,  Valentin desaparece. Su familia lo hace buscar por todos los medios posibles, preguntan a sus amigos, pero nada…. Nadie sabe que ha pasado con él. Tiempo después un pescador engancha un cuerpo flotando en el río Paraná. La policía le pide a la madre que venga a reconocer un cadáver anónimo, pero el tiempo y el agua  lo han vuelto irreconocible.  Con ayuda de un dentista logran identificarlo. Eran los despojos de Valentin.
La opinión unánime fue:  suicidio…
Solo algunos años después se supo,  que mas o menos para la misma época, una “patota”  para-policial se presentó a la casa de otro estudiante secundario rebelde, y no encontrándolo, se llevó detenido al padre para torturarlo hasta que confesara donde estaba su hijo.  El acento de los “para” era inconfundiblemente porteño, seguramente una vanguardia  de las AAA. el tristemente célebre grupo para-militar que enlutaría el país en aquellos tiempos con una larga  sucesión de crímenes horrendos contra los militantes de la causa popular..
Treinta y ocho años han pasado, ya el tiempo comienza a extender un piadoso manto de amnesia sobre esta tragedia; pero la memoria, empecinada, prueba a evocar para un postrero homenaje la figura consecuente, valerosa y serenamente digna del “Vale” Pittau.-
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